5 feb. 2007

SOLA... NO SOLITARIA

Hay mucha diferencia entre estar sola y sentirse sola. Las mujeres en especial, necesitan aprender a reconocer la diferencia porque biológicamente viven más que los hombres. Enfrentadas al hecho de vivir solas debido a un divorcio, a la muerte del cónyuge o terminación de una relación, las mujeres suelen decir: "No, no podría soportarlo, no podría seguir viviendo". A simple vista, este comentario parece un gran tributo romántico al hombre. Sin embargo, decir: "No podría soportar vivir sin él" equivale a decir: "No podría soportar vivir conmigo misma". Las circunstancias pueden obligarnos a vivir solas. Pero la elección entre una relación enferma y vivir sola, es como tener la cama medio vacía. Las relaciones sin salida son una forma de suicidio social. No vale la pena soportar matrimonios insalvables ni relaciones sin esperanzas, por el sólo hecho de tener un hombre. Si nos liberamos de este peso muerto, podremos aprender a volver a vivir como individuos íntegros. La desesperada compulsión que nos lleva a rodearnos de personas cada minuto del día, significa que no somos felices con la persona llamada "YO". Enfrentadas con nosotras mismas, no deberíamos sentir terror, no deberíamos tener el impulso desesperado de hablar por teléfono. A veces podemos hallar una enorme satisfacción no haciendo nada, absolutamente nada, excepto lo que queramos hacer, sin rendir cuentas a nadie. Sumergidas en un baño de agua caliente o atrapadas por una novela de terror, podemos aprender a ser amigas de nosotras mismas. En realidad, nunca estamos solas si nos consideramos compañeras valiosas, si podemos aprender a ser solas pero no solitarias. Se requiere práctica para acostumbrarnos a estar solas. Al principio, en el momento en que se cierra la puerta en una casa vacía, puede ser irresistible el impulso de coger el teléfono, salir sin rumbo alguno, o ir de compras al supermercado aunque no necesitemos nada. Este es el momento para aplicar la siguiente receta casera para la modificación de la conducta: La primera vez que te sientas sola, prométete que esperarás media hora antes de llamar a alguien o de huir de casa sin motivo alguno. Y no estés mirando a cada momento el reloj. Haz algo útil para llenar esos minutos, algo que te divierta, como por ejemplo escuchar tu música preferida, arreglar tu guarda ropa, ponerte una mascarilla o arreglarte tus manos y pies. La próxima vez, aumenta el período de soledad a una hora, disponiendo siempre de algo divertido y útil para pasar el tiempo. No permitas que los minutos vacíos se ciernan sobre ti como un terrible fantasma. Sigue aumentando la apuesta hasta que hayas pasado una tarde o una noche de sábado sola, pero no solitaria. La soledad productiva, como cualquier otro, es un hábito que se aprende. Puedes adquirirlo de la misma manera en que puedes romper con el hábito de tener siempre compañía. Puedes convertirte en una buena compañera de ti misma si te esfuerzas, si practicas.

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