9 dic. 2006

Confesar una infidelidad

Sin duda confesar una infidelidad no ha de ser sencillo y hacerlo es, después de todo, una decisión personal. Claro que a la hora de evaluar los pro y los contra para decidir o no dar este paso, es inevitable que aparezca el miedo al castigo, a ser abandonada/o y a no ser perdonada/o. Estas son, justamente, las tres razones por las cuales la mayoría prefieren atesorar el secreto y convivir, en la mayoría de los casos, con la culpa por haber engañado a la persona que los ama. Pero sin lugar a duda, quien llegó a esta situación y se enfrenta a esta problemática está lejos de ser una víctima, pues quién ha decidido ser infiel ha tenido la posibilidad de elegir y, por lo tanto, es responsable de sus actos. Cada uno sabrá cuales son los atenuantes a tener en cuenta en su caso particular, y probablemente, estos sean determinantes a la hora de decidir o no abrir un diálogo maduro con su pareja para hablar de lo sucedido. Lo cierto es que más de una vez optar por el silencio resulta más nocivo que correr los riegos que trae aparejada la verdad, pues sostener una mentira requiere de una gran energía y no todos están preparados para vivir con esta pesada carga.

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